domingo, 28 de febrero de 2016

El textil en lucha por sus derechos

¡BUENAS TARDES!

En el ocaso del frío e invernal febrero, aprovechemos este gélido domingo para disfrutar de esas pequeñas cosas que nos hacen la existencia más afable, como una llamada inesperada, una buena película, dedicarnos tiempo y sumergirnos en una profunda lectura. 

Y si, este es el plan que os propongo, una lectura interesante para reflexionar seriamente acerca de un tema del que no hay mucha visibilidad social y que debemos tener presente en nuestra mente.

Como habréis podido dilucidar por el titular vengo a hablaros sobre la industria textil, esta es una de las temáticas de las que en varias ocasiones he escrito, pero hoy quiero ahondar más en el tema y abordar una perspectiva nueva.

Quiero comenzar hablando del fenómeno del fast fashion, que en los últimos años ha aumentado desmesuradamente, para los que no lo sepáis, es un sistema empresarial muy agresivo que acelera el consumo y promueve una moda a bajo coste y de rápida tirada, podríamos denominarlo como "última moda de usar y tirar".

La globalización ha generado un peligroso proceso de consumismo masivo y muy agresivo con unas consecuencias nefastas para todos, medio ambiente, sociedad y sobre todo para las personas. El consumo de ropa rápida o lo que es lo mismo, el "fast fashion" ha provocado que se fabriquen prendas muy baratas, tanto a nivel de fabricación como de venta que se adaptan ferozmente a las últimas tendencias y que además es de poca durabilidad, por lo que hace que el consumo sea incontrolado y nada responsable. 

¿Somos víctimas de la moda?


Desde el año 2009 el gasto en ropa se ha incrementado un 21%, es una salvaje realidad, consumimos unos 35 kg de ropa al año, vienen a ser como unas setenta prendas nuevas por persona. Además de que salen colecciones nuevas cada quince días, lo que provoca una gran aceleración del sistema y convierte la moda en toda una experiencia, nuestros hábitos los está cambiando la sociedad e ir de tiendas se ha convertido en un cada vez más recurrido entretenimiento.

Compramos ropa por necesidad pero también por capricho o deseo con las que saciamos otras necesidades o incluso insatisfacciones personales, todo esto junto al gusto y el auge del consumo han provovado el ferviente crecimiento de la moda a bajo coste.

¿Quién, cómo y dónde se fabrica la ropa que nos venden?


La ropa que adquirimos viene en su mayoría de diversos países del Sudeste asiático, lugares como Rumania, Turquía, Marruecos, China, Bangladesh, Camboya, Sri Lanka, o Vietnam son fabricantes de prácticamente todo lo que nos ponemos, os invito a que miréis las etiquetas de vuestras prendas y descubráis cuál es la procedencia de las mismas. Puede parecernos relevante y más o menos significativo que el origen de nuestras prendas provenga de estos países.

Pero, ¿sabemos verdaderamente quién y en qué condiciones las fabrica?
Solo en países como Camboya existen más de 1000 fábricas textiles y el 80% de exportaciones del país es a través de la industria textil.

Lo dañino y peligroso de la situación son las tediosas dos caras de la moneda, el que produce y el que adquiere, dos realidades muy distintas y extremas, en las que unos producen hasta morir y otros consumen incontroladamente. Cada vez más colecciones y temporadas para sucumbir al poderoso poder de la moda, mientras en el otro lado, las condiciones de trabajo en esas industrias no son justas sino todo lo contrario, penosas e indignas.


¿Qué hemos hecho con la globalización?


Con un plazo corto de producción y un bajo precio de venta los beneficios que consiguen las gigantes marcas y grupos textiles son cifras con grandes beneficios, unos 20.000 millones facturan cada año, empresas tan conocidas como el grupo Inditex o H&M. Por tanto considero que debemos reflexionar acerca de todos estos datos y esta alarmante situación y por supuesto pensar antes de consumir.

Lo perjudicial de este sistema es la explotación masiva, el sufrimiento y la ausencia de los derechos humanos, lo perjudicados gravemente son todos estos países extranjeros, en su mayoría asiáticos en los que la mano de obra es muchísimo más barata.

¿Existen soluciones a esta creciente situación?


Claro que existen tanto soluciones como otras alternativas para afrontar la realidad social en la que estamos sumidos y que cada vez se torna más peligrosa y dañina. Todo depende de lo que queramos ver y qué queramos hacer para intentar mejorar y no contribuir al crecimiento sistemático de este fenómeno.

Para empezar el sistema de la industria textil debería controlar las producciones y que existiera un control en lo que se genera, además de no apoyar la deslocalización, de esta forma la industria cambiaría al menos paulatinamente. Por otra parte el proceso de fabricación y los materiales deben ser sostenibles, esto significa que además de que no dañen el medio ambiente y por ende ayuden a conservarlo y preservarlo, deben fomentar tanto los derechos laborales como humanos y que por supuesto no contradigan los derechos que promueve ni la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ni la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Además los gobiernos y partidos políticos deberían promover políticas de desarrollo e igualdad al mismo tiempo que equilibrar la balanza de poder y fomentar políticas para crear, sostener y ayudar al crecimiento de nuestro país.

Es fundamental diferenciar entre el valor y el precio de las cosas, ser conscientes de que la responsabilidad es compartida y que detrás de la ropa que llevamos hay personas tal y como nosotros. Debemos apostar y fomentar el consumo responsable y el comercio justo para conseguir construir un mundo más justo e igualitario para todos y no olvidemos que está en nuestra mano conseguirlo.

Disfrutar mucho y ser muy FELICES =)


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Construir un mundo mejor está en nuestras manos



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