martes, 26 de marzo de 2013

Lo mucho que cuesta hacer libre por las leyes a un pueblo esclavo por sus costumbres


Buenos días, para los que tengáis vacaciones disfrutadlas y para los que os quedéis, mi consejo es simple: 
Lo importante no es la cantidad de tiempo que se disponga sino cómo se aproveche.

Hoy toca CINE y con ello una crítica de una película que he visto hace poco y me ha sorprendido mucho, os hablo de Anna Karenina, es un filme del director Joe Wright, a muchos os sonará porque debutó en el cine con Orgullo y Prejuicio y el reparto tiene caras muy conocidas como Keira Knightley, Aaron Taylor-Johnson, Jude Law.

Para los que no lo sepáis la historia se basa en la novela del escritor ruso León Tolstói, y aunque había leído fragmentos de la obra, tras ver la película me he quedado con ganas de leerme la novela, con lo que no tardaré en tenerla entre mis manos.
No os desvelaré nada, solo os digo que la historia se centra en la Rusia zarista de finales de siglo XIX, en la sociedad de San Petersburgo, todo esta centrado en una preciosa y trágica historia de amor, un amor sin precedentes, de esos que dejan sin aliento, que impulsan a la locura, a la lujuria sin control y tienen consecuencias que cambian la vida y el devenir del tiempo y del destino.

Aunque el filme se centra en la intensa historia de amor entre Anna y Vronsky, también hay otros aspectos fundamentales que requieren un análisis y desarrollo, la sociedad de la época es sumamente obstinada y se alimenta compulsivamente de rumores y "chismes" que llenan en muchos casos sus "vacías vidas". Una sociedad obsesionada por el "que dirán". Como bien decía Larra "Lo mucho que cuesta hacer libre por las leyes a un pueblo esclavo por sus costumbres".

Una historia con una gran moraleja que dibuja a la perfección la filosofía y los temas de gran complejidad de las clases sociales, la política y la moral. La película se desarrolla con maestría y explora todas las posibilidades estéticas, se da una imagen muy bien definida de los distintos personajes los cuales tienen más actuación y sentimiento que diálogo. La cámara tiene unos planos brillantes en los que puedes incluso analizar exhaustivamente al personaje, ahondar en sus sentimientos e incluso mirar a través de sus mismos ojos.
Las escenas recuerdan a una obra de teatro con sus distintos actos, las secuencias están muy marcadas, hay un escenario y el espectador ve fusionado cine y teatro como si de magia se tratara.
La clave de la película es el amor, que siempre está presente, con las distintas formas de amar y ser amado.
Una historia con un ritmo lento que ahonda en las emociones y te hace sentir, dos requerimientos para hacer películas memorables.

A la semana que viene más, lo dicho, disfrutar de los albores de la primavera y de las deseadas vacaciones.

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PAULA